sábado, 28 de septiembre de 2013

Espacio concreto.

Tenemos media hora.

Dentro de la pieza yo soy una niña que siente tus manos seguras, con fuerza, tu boca muy grande y tu cuerpo con el frenesí para sentir esa desesperación de más, mejor. 
Estamos en un espacio donde todas las demás ideas que no estén fijadas en este momento, pueden ser llevadas a cualquier significado, a cualquier radicalización que es posible y que no nos importa porque tenemos poco tiempo, porque no me importa ahora ni en los próximos 29 minutos, y porque tu de lo único que estás preocupado es de seguir quitándome la ropa con tus convencidas manos, en este espacio que nos baja de las ideas y que es nuestro.

miércoles, 30 de enero de 2013

Sólo el conocimiento.

No quiero verte, no quiero escuchar tu voz, sólo quiero escuchar lo que dices.
Quiero escuchar lo que dices y quiero sentir tu mano en mi pelvis. 
Háblame de aquellas doncellas que levantaban el faldón a las manos de los hombres sabios, que cantaban canciones que las hacían humedecerse. Hombres osados que por medio de claves amorosas les proponían las aventuras más indecentes.
No quiero escuchar tu voz, no me importa como te veas, mantengo los ojos cerrados y sin que tengas que meter tu mano bajo mi falda ya causas tus efectos. 
No puedo expresar por escrito como me gustaría ser tu amante.
Quiero humedecer esta silla de madera sin mirarte, sin escuchar tu voz. ( sólo a través del conocimiento que me entregas.)